07-10-2025

Foto: Baja News
El cineasta tijuanense Diego Hernández defiende la idea de que hacer películas no depende del presupuesto, sino de las ideas y la autenticidad con que se cuentan.
En una época en la que el cine parece estar dominado por grandes estudios y producciones millonarias, todavía hay quienes filman desde lo pequeño, desde lo que tienen a la mano. Lo hacen no porque les sobre tiempo o recursos, sino porque entienden que el cine no solo se mide en dinero, sino en historias.
Diego Hernández, cineasta de Tijuana, lo aprendió filmando con lo que podía. “Vemos al cine casi siempre como algo lejano. Solo vemos cosas que cuestan muchísimo dinero y eso nos genera la sensación de que el cine es algo inaccesible, solo para gente con contactos”, cuenta. Pero en su propio proceso descubrió que hay otras formas de hacerlo, más personales, más alcanzables.
“Me encontré con películas pequeñas que me emocionaron, pero que también me hicieron sentir que yo podía hacerlas. No es magia, no es inalcanzable. Ves cómo están hechas y te imaginas cómo podrías hacer las tuyas”, dice.
Cine mientras se vive
Para Diego, el punto no es imitar las grandes producciones, sino encontrar una manera de filmar que encaje con la vida real, con los tiempos, las limitaciones y las economías personales. “Mis películas cada vez son más baratas, no porque no quiera invertir, sino porque entendí que no necesito dejar de vivir para filmar. Puedo filmar mientras vivo”, reflexiona.
Y aunque reconoce que los grandes proyectos son necesarios, por su impacto laboral y técnico, insiste en que el cine también debe tener espacio para esas otras historias, las que se hacen con lo mínimo, pero con el mismo impulso creativo.
“Hay que visibilizar esas películas pequeñas que se hacen con presupuestos mínimos. No todo el cine tiene que ser igual, la diversidad también es parte de su riqueza”, añade.
Cuando las ideas pesan más que el equipo
En la era digital, donde un teléfono puede grabar en alta resolución, las fronteras entre lo profesional y lo amateur se desdibujan. Diego lo ve como una oportunidad. “Siempre se ha podido hacer cine con cualquier cámara, pero hoy las herramientas son más accesibles que nunca. Los celulares hacen cosas que antes solo podían hacer cámaras carísimas”, explica.
Y ahí está, quizás, la enseñanza más clara, en donde el futuro del cine no depende de quién tenga la mejor cámara, sino de quién tenga algo que decir. “Eventualmente vamos a llegar a la conclusión de que lo importante no es la cámara, sino las ideas detrás”, concluye.

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