14-06-2026

Foto: Christian Espinoza/Baja News
Aficionados de varias edades se dieron cita afuera del hotel de concentración
La presencia de la selección de Irán en Tijuana rumbo a la Copa Mundial de 2026 ha dejado historias que van más allá del futbol. Una de ellas es la de Brisa, una tijuanense practicante del islam que acudió este domingo al Hotel Marriott para despedir al conjunto asiático y expresarles un mensaje de cercanía y bienvenida.
Acompañada de sus hijos, Brisa se sumó a los aficionados que esperaron la salida del equipo rumbo al Aeropuerto Internacional de Tijuana, desde donde emprendió el viaje hacia Los Ángeles, California, sede de su primer compromiso mundialista.
Para ella, el encuentro representó una oportunidad única. Además de compartir la misma fe que muchos integrantes de la delegación iraní, quiso demostrar la hospitalidad que caracteriza a la ciudad fronteriza.
“Vine a mostrarles mi apoyo como mexicana, porque sentimos ese orgullo de recibir a extranjeros, pero también siento que son parte de nosotros por la religión que compartimos”, expresó.
La selección iraní ha establecido su concentración mundialista en Tijuana debido a que las condiciones de su estancia le permiten permanecer únicamente por periodos limitados dentro del territorio estadounidense. Esta situación ha convertido a la ciudad en una especie de hogar temporal para el equipo durante la justa internacional.
Motivada por esa circunstancia, Brisa decidió llevar también a sus hijos para que vivieran una experiencia difícil de repetir.
“Vine también a traer a mis hijos porque nunca tenemos a una selección que vaya al Mundial y que esté en Tijuana. Eso fue lo que me motivó a venir a verlos, apoyarlos y hacerles sentir que no están solos, que están en casa y que aquí todas las personas del mundo son bienvenidas”, comentó.
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La visita dejó recuerdos especiales para la familia. Los jugadores accedieron a convivir brevemente con algunos seguidores y firmaron una playera de uno de sus hijos. Otra camiseta que llevaron para conseguir un autógrafo terminó en manos de un futbolista iraní, un detalle que, lejos de generar decepción, se convirtió en una anécdota más de una mañana inolvidable.
Mientras el autobús se alejaba rumbo al aeropuerto, Brisa y sus hijos permanecieron entre los aficionados que despidieron al equipo con muestras de cariño y buenos deseos.

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