El vacío opositor en Baja California: apostarlo todo al desgaste
OPINIONES
24-09-2026
Foto: Baja News
Publicado: 24-09-2026 09:19:39 PDT
Por Alberto Rodríguez Martínez
Hay un contraste que debería encender las alertas en la política de Baja California rumbo a 2027: mientras Morena ya comenzó a mover y ordenar sus piezas para la sucesión, la oposición sigue frente al espejo, sin conseguir construir una figura alrededor de la cual articular una candidatura competitiva.
El pasado 15 de septiembre, Julieta Ramírez fue designada coordinadora estatal de la Defensa de la Transformación. Formalmente todavía no es candidata, pero políticamente su nombramiento le otorga un lugar central en la conversación pública y permite al partido en el poder comenzar a organizar su estructura alrededor de un rostro visible. En la trinchera de enfrente, el escenario es radicalmente distinto. No faltan nombres ni aspirantes, pero ninguno ha logrado erigirse como una alternativa estatal claramente reconocible. Y este matiz es crucial: el problema no radica en los tiempos formales de la elección —el reloj todavía lo permite—, sino en que, a estas alturas, ninguna de las opciones opositoras ha alcanzado el nivel de conocimiento, identidad y peso público necesario para encarnar, por sí misma, una opción de gobierno.
El PAN ilustra este vacío con claridad. Sigue siendo la principal fuerza opositora en las mediciones y conserva un andamiaje que otros envidian. En agosto, una encuesta de SRC le daba 19 por ciento de preferencia frente a 41.4 por ciento de Morena; muy por encima del 7.1 por ciento del PRI y el 5.6 por ciento de Movimiento Ciudadano. Sin embargo, esa ventaja dentro de la oposición no se ha traducido en un liderazgo que domine la agenda estatal. El partido baraja perfiles, pero sobrevivir a un proceso interno no equivale a trascender la cúpula partidista para conectar con el electorado bajacaliforniano.
El caso del PRI es aún más complejo. Antes de buscar nombres, el tricolor necesita responder qué representa hoy en el estado y por qué un ciudadano debería voltear a verlo. La mera existencia de estructuras territoriales o cuadros experimentados no resuelve una crisis profunda de identidad. Movimiento Ciudadano, por su parte, tiene la oportunidad de capitalizar el desgaste de las marcas tradicionales, pero para transformar esa diferencia discursiva en una propuesta real necesita ofrecer algo más que una identidad gráfica fresca y perfiles competitivos.
El PES ocupa un lugar particular. Como partido local, mantiene su registro, estructura propia y el peso político del apellido Hank. Su dirigente, César Hank Inzunza, ha explorado alianzas con el PAN y MC. Aunque Jorge Hank sigue siendo un actor relevante, él mismo ha señalado que serán sus hijos quienes encabezarán las negociaciones hacia 2027. La verdadera incógnita no es solamente si su nombre estará en la boleta, sino qué papel jugará su grupo político en la configuración de la oposición.
Todas estas piezas podrían, eventualmente, ensamblarse en una alianza electoral. Pero incluso si PAN, PRI, MC y PES logran un consenso, persistirá la pregunta más incómoda de todas: ¿qué proyecto político están ofreciendo juntos?
Ahí radica la falla estructural de la oposición bajacaliforniana. Durante demasiado tiempo, su narrativa se ha limitado a reaccionar a los tropiezos de Morena. Es legítimo y necesario que la oposición fiscalice al poder, pero el problema surge cuando la crítica se convierte en su principal oferta política. Su estrategia parece reducirse a la paciencia: esperar a que los errores del gobierno acumulen suficiente desgaste para provocar un voto de castigo.
Pero esperar que el adversario pierda no es lo mismo que convencer a los ciudadanos de que uno puede gobernar mejor. La diferencia no es semántica; es la distancia entre ser oposición y ser alternativa.
¿Qué propone este bloque para enfrentar la inseguridad? ¿Qué hará con la crisis del agua? ¿Cómo abordará la movilidad y la infraestructura? ¿Qué modelo de desarrollo económico proyecta para la frontera, un espacio que concentra simultáneamente algunas de nuestras mayores oportunidades y desigualdades? Estas urgencias no se resuelven sumando logos en una boleta electoral.
Reducir el debate de 2027 a la viabilidad de una megacoalición sería un error de cálculo. Una alianza puede aglutinar estructuras y sumar votos, pero no necesariamente construye una alternativa política. Para que una coalición tenga sentido, necesita algo más que un enemigo común: necesita una razón de ser y, sobre todo, una propuesta de gobierno que justifique ante los ciudadanos por qué debería existir.
La ausencia de un candidato opositor claramente posicionado es, en el fondo, el síntoma de una carencia mayor: la falta de una narrativa de gobierno lo suficientemente robusta como para que el electorado pueda imaginar a alguien distinto al mando del estado. Y eso, a diferencia de los pactos cupulares, no se improvisa de un día para otro.
Baja California no necesita únicamente una coalición que explique por qué Morena debe irse; necesita una fuerza que demuestre qué hará cuando llegue. Si la única respuesta de la oposición termina siendo “sacar a Morena”, quizá logre convertirse en una fuerza electoral competitiva. Lo que seguirá sin tener es una verdadera alternativa de gobierno.
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