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Por qué se tallan calabazas en Halloween: la historia que empieza en Irlanda

VIDA Y ESTILO

12-10-2026


Foto: Web

Foto: Web

Redacción BajaNewsMx
Editorial bajanews.mx| BajaNews
Publicado: 12-10-2026 14:56:55 PDT

Una leyenda irlandesa, una hambruna devastadora y una migración masiva explican por qué cada 31 de octubre las casas se llenan de rostros tallados con velas encendidas

Pocas imágenes resumen tan bien la noche de brujas como una calabaza con ojos y sonrisa afilada, iluminada desde dentro por una luz anaranjada. Hoy es una decoración típica de Estados Unidos, pero su historia comienza siglos atrás y al otro lado del Atlántico, y la protagonista original ni siquiera era una calabaza.

 

Para entender el origen hay que viajar a lo que hoy son Irlanda, Escocia, Gales y el norte de Francia. Allí, los celtas celebraban el Samhain, palabra que en gaélico significa “fin del verano”. La fiesta marcaba el cierre de la cosecha y la llegada del invierno, una estación asociada con la oscuridad, el frío y la muerte.

 


Según la BBC, los celtas creían que entre el atardecer del 31 de octubre y el 1 de noviembre la frontera entre el mundo de los vivos y el de los muertos se volvía tan delgada que los espíritus podían cruzarla. Para protegerse, la gente encendía hogueras, realizaba rituales y se disfrazaba con el fin de confundir a las almas errantes y evitar ser reconocida.


Con la expansión del cristianismo, la Iglesia católica buscó sustituir estas celebraciones paganas por el Día de Todos los Santos, conocido en inglés como All Hallows’ Eve, expresión que con el tiempo se contrajo hasta convertirse en “Halloween”. Sin embargo, muchas costumbres celtas sobrevivieron, sobre todo en Irlanda.


Disfraces, canciones y linternas


El historiador Ronald Hutton, de la Universidad de Bristol, explica en su libro The Stations of the Sun que disfrazarse formaba parte de los rituales del Samhain desde al menos el siglo XVI, con evidencias en Irlanda, Escocia, la isla de Man y Gales. Las personas iban de casa en casa vestidas o disfrazadas, por lo general recitando canciones o versos a cambio de comida. Es probable que esta práctica derivara de una tradición en la que la gente se hacía pasar por las almas de los muertos y recibía ofrendas en su nombre, y se creía que imitar a esos espíritus ofrecía protección frente a ellos. De ahí, apuntan algunas fuentes, proviene el actual “truco o trato”.


Esa noche también hacía falta luz. Según Hutton, quienes se disfrazaban se alumbraban en algunos lugares con nabos o remolachas ahuecados, con velas en su interior. Poco a poco comenzaron a tallarles caras grotescas. Pronto las linternas pasaron a colocarse en los alféizares de las ventanas: según quienes las elaboraban, representaban espíritus o seres sobrenaturales y, al mismo tiempo, servían para ahuyentar a los malignos.

 


La leyenda de Jack el Tacaño


Alrededor de esta costumbre nació un cuento popular irlandés, ubicado en el siglo XVIII, cuyo protagonista es Jack el Tacaño, también llamado Jack el Herrero, el Borracho o el Excéntrico.


Según la historia, Jack era un hombre astuto y avaro que engañó al diablo dos veces. Primero lo convenció de transformarse en una moneda para pagar una última bebida, y luego lo dejó atrapado en la copa de un árbol. Para recuperar su libertad, el diablo tuvo que prometer que jamás reclamaría el alma de Jack.


Cuando Jack murió, su vida pecaminosa le cerró las puertas del cielo, y el diablo, fiel a su palabra, tampoco lo aceptó en el infierno. Condenado a vagar en la oscuridad eterna, recibió del diablo, a modo de burla, una brasa encendida. Jack la colocó dentro de un nabo hueco para iluminar su camino. Así nació el nombre Jack of the Lantern, “Jack el de la linterna”, que hoy conocemos como Jack-o’-lantern.

 


Una gran hambruna que cambió la tradición


Durante siglos, entonces, los nabos, y a veces las patatas, los rábanos o las remolachas, fueron los protagonistas. Lo que los reemplazó fue una tragedia.


Entre 1845 y 1849, con efectos que se extendieron hasta 1852, Irlanda sufrió la Gran Hambruna, también llamada “hambruna de la patata”. Aunque las cifras exactas se desconocen, los registros apuntan a al menos 1,1 millones de muertes y a la emigración de otro millón de personas, lo que redujo la población casi un 30 %. Las causas fueron múltiples (políticas, religiosas, económicas), pero el detonante fue microbiológico: el oomiceto Phytophthora infestans, conocido como tizón tardío, arruinó las cosechas de patata, alimento básico de gran parte de la población pobre. La desnutrición, además, favoreció la propagación de enfermedades como la fiebre tifoidea, la tuberculosis, la difteria y el cólera.


Muchos de los sobrevivientes emigraron, y la mayor colonia irlandesa se formó en Estados Unidos. Más del 90 % de esos migrantes eran católicos, lo que tuvo un impacto notable en un país de mayoría protestante.

 


Llega la calabaza


Los irlandeses llevaron consigo sus tradiciones, incluida la de Halloween, pero se encontraron con un problema: los nabos no eran fáciles de conseguir en América. En cambio, abundaba en otoño una hortaliza nativa mucho más grande, blanda y fácil de vaciar y tallar: la calabaza. Desplazó rápidamente a los nabos y a cualquier otra candidata.


Hoy la variedad más usada es la Cucurbita pepo, como las conocidas Connecticut Field o Jack O’Lantern, por su color, su forma redondeada y su corteza resistente. Lo que comenzó como un recurso para espantar el alma de Jack y otros espíritus se convirtió con los años en un símbolo festivo, presente en casas de todo el mundo, sobre todo en Occidente, gracias a la influencia de la industria cultural.


En Irlanda y otros países de origen celta, sin embargo, la costumbre de tallar nabos se mantuvo al menos hasta principios del siglo XX. En la década de 1930, con la electrificación del país, la historia de Jack comenzó a perder fuerza: según Mannion, citado en uno de los textos, cuando llegó la luz muchas historias perdieron su poder porque la gente ya no imaginaba cosas en la oscuridad. Aun así, el Museo Nacional de Irlanda conserva moldes de lámparas de nabo tallado de la primera década del siglo XX, y hay tutoriales en internet para quienes quieran fabricar su propio “nabo fantasma” y rescatar la tradición.

 


Una versión que ya no es la original


No todos celebran el cambio con entusiasmo. Donna Heddle, profesora de Estudios del Norte en la Universidad de las Tierras Altas e Islas (Escocia), ha señalado a la BBC que la celebración actual de Halloween ha sido absorbida por la versión estadounidense, que, en sus palabras, no se parece a la de sus raíces.


Un detalle poco conocido: el riesgo de los hongos


La calabaza tallada también tiene un lado menos festivo. Un estudio publicado en 2006 analizó la rápida descomposición de calabazas de Halloween en Irlanda del Norte durante octubre de 2005. Tras ser talladas y exhibidas, mostraron un notorio deterioro microbiano, y los investigadores identificaron al menos cinco géneros de hongos: Penicillium, Gibberella, Mucor, Nectria y Fusarium. Tres de ellos son capaces de causar infecciones en personas inmunocomprometidas, un riesgo que no se había documentado antes.


Por eso, en entornos sanitarios con pacientes vulnerables, se recomienda revisar periódicamente las calabazas talladas y desecharlas de inmediato si presentan contaminación por hongos, para reducir la dispersión de esporas.