Ganó Julieta, ¿y ahora qué?
OPINIONES
17-09-2026
Foto: Baja News
Publicado: 17-09-2026 12:22:24 PDT
Por Alberto Rodríguez Martínez
La elección de 2027 todavía está lejos, pero en Baja California una parte fundamental de ella ya ocurrió. Morena eligió a Julieta Ramírez como su coordinadora estatal y, con ello, cerró una competencia interna en la que participaron once aspirantes y que durante meses concentró buena parte de la conversación política del estado. Lo que queda por observar ahora es si el mecanismo que el partido diseñó para anticipar la sucesión consiguió aquello que pretendía: ordenar la competencia y mantener unida a la organización.
Morena decidió adelantar sus procesos internos para las 17 entidades que renovarán gubernatura con una premisa sencilla: resolver las candidaturas con suficiente tiempo permitiría reducir las disputas posteriores y preparar con anticipación la elección. En Baja California, sin embargo, el proceso terminó mostrando la otra cara de esa estrategia. Durante meses, los aspirantes tuvieron incentivos para posicionarse, construir grupos y demostrar que tenían posibilidades reales. La competencia no desapareció por comenzar antes; simplemente tuvo más tiempo para desarrollarse.
El resultado es una candidatura definida, pero no necesariamente una disputa completamente cerrada. Ismael Burgueño reconoció el resultado y llamó a cerrar filas, siendo hasta ahora el único de los aspirantes que ha hecho público su respaldo a Julieta Ramírez. La propia Julieta pidió superar las diferencias que dejó el proceso. En paralelo, distintos medios reportaron que Evangelina Moreno habría planteado la posibilidad de abandonar Morena, aunque esa versión no ha sido corroborada públicamente, y desde el Partido del Trabajo surgieron cuestionamientos sobre el método. Son señales distintas que, en conjunto, muestran que el anuncio de una ganadora no resuelve automáticamente las tensiones acumuladas.
El problema no es que existan muchos aspirantes, pues una competencia amplia puede ser perfectamente legítima. El problema está en el tiempo, en los incentivos y en la falta de claridad con la que Morena condujo el proceso. Durante semanas se sostuvo que las definiciones ocurrirían hasta diciembre y, de pronto, el partido anunció que la decisión se conocería prácticamente de un día para otro. A ello se sumó la opacidad sobre las encuestas utilizadas: quién las realizó, con qué metodología, qué se preguntó y cuáles fueron sus resultados. Esa combinación terminó por enturbiar un proceso que necesitaba reglas claras. Cuanto más temprano comienza una disputa y menos certezas existen sobre su término, más difícil resulta distinguir entre posicionamiento político y campaña electoral.
Y aquí aparece una consideración que hace particularmente relevante el caso bajacaliforniano. Morena gobierna el estado y mantiene una posición dominante, de modo que su proceso interno adquiere una dimensión que rebasa la vida del partido. La definición de su candidatura funciona prácticamente como una primera vuelta no oficial: primero se reduce el abanico de opciones dentro de Morena y después los ciudadanos participan en la elección constitucional. En esas condiciones, la manera en que se selecciona a quien encabezará el proyecto oficialista no es un asunto menor ni exclusivamente partidista.
Por eso la definición de Julieta no representa el final del proceso político, sino el inicio de una nueva etapa. Morena ya no tiene que administrar once aspiraciones, sino las consecuencias de haberlas puesto a competir durante meses. Cada grupo llega a este momento con capital político propio y con una expectativa sobre el papel que deberá desempeñar en lo que sigue. La capacidad de la nueva coordinadora para incorporar esas fuerzas, y la disposición de quienes participaron para acompañar el resultado, serán determinantes para saber si la competencia interna terminó fortaleciendo o debilitando al partido.
Morena apostó por adelantarse al calendario para tener mayor control sobre sus sucesiones. En Baja California, el balance hasta ahora es mixto: consiguió definir a su candidata con mucha anticipación, pero también abrió un periodo prolongado de posicionamiento, generó tensiones entre sus propios cuadros y dejó cuestionamientos sobre la forma en que se tomó la decisión. Sería exagerado afirmar que el experimento fracasó; todavía falta tiempo para saber si la anticipación termina convirtiéndose en una ventaja.
Lo que sí puede medirse desde ahora es el desafío que dejó esa estrategia. Julieta Ramírez tendrá que transformar una victoria obtenida dentro del partido en un proyecto capaz de mantener cohesionada a una fuerza política que parte de una posición de ventaja en Baja California. Para hacerlo necesitará algo que ninguna encuesta puede medir: la capacidad de sumar a quienes hasta hace unos días competían por el mismo lugar y convertir una definición interna en una ruta común hacia 2027.
La encuesta resolvió quién encabezará el proyecto. Ahora comienza la parte que Morena no puede resolver con una encuesta: construir alrededor de esa decisión la unidad política que necesitará para llegar a 2027.
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