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Por qué nos disfrazamos en Halloween: 2.000 años de historia

VIDA Y ESTILO

08-10-2026


Foto: Web

Foto: Web

Redacción BajaNewsMx
Editorial bajanews.mx| BajaNews
Publicado: 08-10-2026 13:27:45 PDT

Una tradición de más de dos milenios que pasó del miedo a los espíritus a la diversión global

Cada 31 de octubre, millones de personas en el mundo se transforman en brujas, vampiros, superhéroes o personajes de película. Lo que hoy es una noche de fiestas y golosinas tiene un origen mucho más oscuro: durante siglos, ponerse un disfraz fue una forma de protegerse de los muertos.


Una fiesta celta de hace más de 2.000 años


Los historiadores coinciden en que el antecedente más antiguo de Halloween es Samhain, un festival de los pueblos celtas que marcaba el final del verano y el inicio de la mitad “más oscura” del año en las islas británicas. Según la arqueóloga británica Miranda Green, autora de Celtic Myths (1990), los celtas ocuparon buena parte de Europa, sobre todo lo que hoy es Inglaterra, Gales, Escocia e Irlanda, y creían que en otoño las almas de los muertos vagaban por la Tierra.

 

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Alrededor de lo que hoy es el 31 de octubre, encendían grandes hogueras para ahuyentarlas e iluminar la noche fría. Se pensaba que en esa fecha la frontera entre el mundo de los vivos y el de los muertos se volvía más débil. Algunas personas dejaban comida para los dioses; otras se cubrían con pieles y cabezas de animales para que los espíritus las confundieran con uno de los suyos. La lógica era sencilla: si había seres sobrenaturales entre los vivos, era más seguro parecerse a ellos que llamar su atención.

 


La influencia del cristianismo


Con la expansión del Imperio romano, las creencias locales se mezclaron con la religión católica, que incorporó varios rituales paganos. En el siglo VII, el papa Bonifacio IV fijó el 1 de noviembre como día de Todos los Santos, y en el año 998 la Iglesia instituyó el Día de Muertos para honrar a los difuntos.


La noche previa siguió celebrándose con hogueras, disfraces y desfiles, pero cambió de nombre: “All Hallow’s Eve”, o “Víspera de Todos los Santos”, expresión de la que deriva la palabra Halloween. Según National Geographic, hasta hoy en muchos lugares se encienden velas en las tumbas esa noche, siguiendo la costumbre cristiana de las vigilias.

 


Del guising al “dulce o truco”


En Irlanda y Escocia surgió el guising: niños y jóvenes se disfrazaban y recorrían las casas cantando, recitando versos o actuando a cambio de comida o regalos. Otra práctica antigua se registra en Inglaterra, donde en el siglo XVI los pobres pedían limosna el día de Todos los Santos y se entregaban “pasteles de almas” a cambio de oraciones.

 

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Estas costumbres viajaron a Estados Unidos con los inmigrantes irlandeses y escoceses. A mediados del siglo XIX, las fiestas de otoño eran comunes, pero Halloween aún no se celebraba en todo el país; se generalizó con la llegada de nuevos inmigrantes irlandeses en la segunda mitad del siglo. Allí los vecinos compartían historias de fantasmas, adivinaban la suerte, bailaban y cantaban, y de a poco la práctica de ir de casa en casa pidiendo comida o dinero dio origen al actual “truco o trato”. La frase se popularizó gracias a la cultura estadounidense; según la investigadora Lisa Morton, pudo haberse inspirado en una tradición navideña llamada belsnikling.

 


Disfraces para dar miedo de verdad


A inicios del siglo XX, los trajes eran mucho más sombríos que los actuales. La autora Lesley Bannatyne, especialista en la historia de Halloween, explica que el 31 de octubre se vinculaba con fantasmas y supersticiones, y que se consideraba un día “fuera de lo normal”, en el que se podían romper las reglas sociales. Los atuendos eran caseros, hechos con sábanas, maquillaje y máscaras improvisadas, y su objetivo era el anonimato. Según la historiadora de la moda Nancy Deihl, de la Universidad de Nueva York, la meta era “estar completamente disfrazado”.


Ese anonimato también servía para hacer bromas. Bannatyne señala que los aldeanos se jugaban travesuras entre sí y culpaban a los espíritus. En Norteamérica, las bromas llegaron a provocar vandalismo y disturbios, por lo que las autoridades intentaron reorientar la fiesta hacia los niños más pequeños.

 

 

La llegada de la cultura pop


En las décadas de 1920 y 1930 aparecieron los primeros grandes fabricantes de disfraces y, con ellos, los trajes inspirados en personajes de ficción. Según Bannatyne, la empresa J. Halpern Company (Halco), de Pittsburgh, comenzó a licenciar imágenes como Popeye, Olivia y Mickey Mouse. También se pusieron de moda disfraces de piratas y de figuras marginales de la sociedad.


Tras la Segunda Guerra Mundial, la televisión acercó superhéroes, personajes de cómics y figuras del espectáculo, y los disfraces comenzaron a comprarse en tiendas. En los años sesenta, la compañía Ben Cooper llegó a controlar entre el 70 % y el 80 % del mercado, según Slate.


Los años 60: la cara descubierta


Para Deihl, esa década fue un punto de quiebre. Los adultos dejaron las máscaras y la cobertura total para mostrar su rostro, y el disfraz pasó a ser una forma de interpretar una versión especial de uno mismo, como la Mujer Maravilla o Luke Skywalker.


El terror no desapareció: las películas de las décadas de 1970 y 1980, desde Halloween, de John Carpenter, hasta A Nightmare on Elm Street, de Wes Craven, mantuvieron vivos los atuendos espeluznantes. En esos años, además, las comunidades homosexuales adoptaron la fecha como ocasión para desfiles y trajes extravagantes, lo que impulsó las fiestas de Halloween y los disfraces más provocativos.

 


Una celebración que refleja su época


Para la investigadora Anna-Mari Almila, del London College of Fashion, Halloween es hoy una gran celebración de consumo, separada de sus raíces paganas y cristianas y centrada en expresar fantasías personales, lo que explicaría su éxito mundial. Deihl lamenta que hoy se confeccionen menos disfraces en casa y haya menos creatividad personal que antes.


Así, la noche en que supuestamente los espíritus se mezclaban con los vivos terminó siendo la noche en que los vivos aprendieron a parecerse a ellos. Lo que alguna vez fue una forma de protección se convirtió, con los siglos, en un juego.